Mi nombre es Evo,
un nombre poco común para mis 17 años, ya que me llamo como el presidente de
nuestra nación Evo Morales. Debido a mi nombre, recibía varias cargadas de mis
compañeros. A pesar de esto, me llevaba muy bien con ellos y todos los días
después de ir a la escuela nos íbamos a la cancha a jugar al futbol. Después,
iba a la verdulería de mi viejo para buscar frutas para el postre… Me acuerdo
de las ventanas llenas de tierra y telarañas, también recuerdo que mi papa
cuando me veía llegar por esa puerta oscura venia a abrazarme con sus manos
llenas de mugre que me manchaban la ropa y todo transpirado… cuando los cajones
de verdura temblaban cada vez que pasaba el tren por las vías de atrás de la
verdulería, eso provocaba que las verduras de ensucien por la tierra del piso,
pero era lo único que podíamos pagar.
El 14 de octubre llegué de la escuela y en mi
casa no había nadie, en la verdulería tampoco. Estaba muy asustado, hasta que
una vecina me dijo que estaban en el hospital porque estaba por nacer mi
hermanita. Me quede encerrado en casa como por 2 horas hasta que escuche el
ruido de la puerta, era mi papa desesperado buscando sus ahorros para comprar
ropa. Ahí me di cuenta que no estábamos bien económicamente.
Un mes después mi mama y mi hermanita salieron
del hospital. Yo no entendía porque habían estado tanto tiempo ahí. Cuando por
fin llegaron a casa, muy tristemente me contaron que mi hermana era
cuadriplèjica. Yo no sabia que era esa enfermedad, por eso no me preocupé.
En esa semana, a mi papa le llegó una carta
de su primo de Argentina ofreciéndole trabajo allá. Lo pensó mucho, y después
de muchas discusiones con mama decidieron mudarse a argentina. Cuando me lo
contaron a mi, no estaba para nada contento, tenia que despedirme de mis amigos
y mis abuelos. Sin embargo lo tuve que aceptar porque era lo mejor para mi
familia.
Vendimos la
verdulería y la casa, y con parte de esa plata compramos los boletos para irnos
a Argentina.
Después de un largo día, llegamos a la ciudad
de Buenos Aires. Por los primeros meses, teníamos que vivir en la ‘Villa
Lugano’. En una casita parecida a la nuestra de Bolivia. Mi viejo empezó a
trabajar en el almacén de mi primo que
estaba cerca de mi escuela.
Empecé 6º grado y ya el primer día de clases
me di cuenta que me molestaba el acento de los argentinos y me costaba el
estudio de la historia argentina. Le pedía ayuda a mis compañeros porque me
daba vergüenza preguntarle a la profesora, entonces, ellos se me reían.
Los primeros años
en el colegio no la pase bien, ya que siempre me discriminaban y me golpeaban
por el solo hecho de ser boliviano… yo nunca me animaba a contarle a mis
padres, no quería sumarles un problema mas. Siempre me quedaba callado.
Algo que me marcó por toda la secundaria, fue
una vez que pedí permiso para ir al baño durante la clase de historia. Cuando
llegué, tuve el presentimiento de que algo malo me pasaría, sentía olores que
solo se sienten en la villa casi todos los días. Entré y vi a los chicos de 5º
año con los ojos rojos, a punto de explotar. Ni bien me vieron, comenzaron a
acercarse hacia mi con amenazas, deje que me rodearan mientras yo estaba
inmóvil, tan quieto que hasta podía sentir mis propios latidos. Rápidamente uno
del grupo me atacó por mi espalda mientras que los otros me insultaban, en un
momento uno de ellos intentó calmar la situación pero no le hicieron caso.
Hasta que llego el director y nos separó.
A la salida del
colegio, me encontré con el pibe que me había intentado ayudar, muy
humildemente le agradecí: - gracias por haber intentado defenderme-. A esto me
respondió:- no me agradezcas pibe, me llamo Iván, vos?- yo, Evo-.
Seguimos hablando
por un rato y quedamos en encontrarnos a dos cuadras de la escuela a las 10 de
la noche. Aunque no me gustaba mucho la idea, me encontré igual con Iván.
-viniste! Pensé que
no te ibas a animar- me dijo – por que no me iba a animar?- Iván se rió y me
dijo – todavía no te diste cuenta?-. Mientras me decía eso, sacó una especie de
bolsa de su bolsillo. Ahí me di cuenta de todo.
- se que no la
estas pasando para nada bien, no sos el único, yo también sufro, pero pruebo
esto y me olvido de todo por un rato- me dijo.
No se como hizo
pero me convenció, me lleve esa ‘bolsita’ a casa, me encerré en la pieza y la probé, me sentía en un mundo
donde no existía nada, éramos el mundo y yo, nadie mas. Sinceramente me gusto
mucho encontrarme en ese estado…
Y así fueron todos los días, me encontraba con
Iván todas las noches y le compraba droga con la plata que le robaba a mi
viejo. Sabía que las drogas me estaban llevando por un mal camino, pero ellas
eran la única forma de olvidarme de todo.
En la escuela me
empezó a ir muy mal. Un día llegue con los ojos tan rojos que mi profesora se
avivó y me reviso la mochila, por supuesto, encontró drogas en un bolsillo. Ahí,
fue cuando llamo a mis padres…Desde afuera, yo escuchaba como adentro de la
dirección mi papa gritaba, mama lloraba y la profesora intentaba calmarlos.
Hasta que por fin salieron, nos fuimos los tres en un remis, no se escuchaban
palabras, quería romper el silencio, pero no sabía como. Hasta que papa dijo –
con razón me faltaba plata!! Si vas a seguir cometiendo esa estupidez empeza a
laburar y pagatela vos- .Esas palabras me hicieron entrar en razón, tenia que dejar de consumir, como
sea.
Al otro día, me
volví a encontrar con Iván y le conté mi idea de dejar las drogas, le pedí que
por favor me ayude. No termine de completar la frase que pego un grito- vos te
crees que es tan fácil?- se calmo un poco y me dijo – te voy a ser directo, vos
estas en nuestro grupo porque pasaste por lo mismo que nosotros, pero si ahora
vos queres dejar las adicciones y seguir por otro camino olvidate de nosotros-.
Me pareció medio
ridículo lo que me dijo, pero si mis únicos amigos dependían de las drogas, iba
a tener que seguir consumiéndolas.
Llegue a casa, eran
las 12:30 de la noche, estaba yendo al baño y ahí estaba papa – donde estabas?-
me dijo – en lo de un amigo- le respondí – me parece que haber venido a
argentina no fue una buena idea, ¡mira como estas! Ya no se quien sos--.
Otra vez, esas
palabras no me dejaron dormir y pensé que para mis viejos soy un problema.
Al día siguiente me
levante mas temprano que lo habitual por ser un sábado. A las 8:00 de la mañana
hay algunos lugares abiertos para conseguir laburo… Frené en un supermercado y
empecé a escuchar que alguien me gritaba, era Iván: - acá hay un puesto vacío,
yo que vos lo agarro. Es un buen trabajo, además vas a trabajar conmigo- me
dijo. Me presente para conseguir ese
puesto, y después de un largo e interminable tiempo de espera me llamaron. Me
tenia fe, pero a la vez estaba inseguro porque no se si les convenía tener a un
boliviano trabajando ahí. Llegue a la oficina temblando, transpirando frío
hasta que escuche la voz del dueño que me decía “el trabajo es tuyo Evo”. A lo
lejos escucho a Iván que me estaba felicitando mientras acomodaba las latas de
arbeja en la góndola. Me acerco a el con una alegría que me recorría todo el
cuerpo hasta que me dice – y con la
escuela que vas a hacer? Yo ya la dejé-. Y ahí pensé ¿de que me sirve ir a la
escuela si el futuro de todo boliviano es el fracaso? Y contra eso no se puede
hacer nada, así que decidí dejar la
escuela.
Fui para casa a
contarles la noticia a mis viejos, no les cayó para nada bien. No les gustaba
la idea de que deje el colegio.
Me di cuenta que
ellos no pensaban en mi, no les importaba si sufría o no, toda su atención
estaba en mi hermanita.
En ese momento no
pensé, fui a mi pieza, metí todas mis cosas en una caja y me despedí de mis padres:
- por si algún día se acuerdan de mi váyanme a visitar al supermercado- . mama
casi siempre en una situación así se pone a llorar, pero esta vez se paro de la
mesa y me dijo: - vos sos libre se hacer lo que quieras, un día de estos te voy
a visitar-. Me asombro su respuesta, cerré la puerta y me fui.
Atrás del
supermercado hay un galpón abandonado donde vive Iván con un par de amigos que
están en la misma situación que yo. Les pregunte si había un lugar para mi, me
dijeron que si pero que no diga nada, que sea un secreto.
Durante mucho
tiempo mi vida fue así: trabajo, drogas y nada mas. A mi familia la veía de vez
en cuando, a veces venían a comprar algo de excusa para verme, pero a mi no me
importaba. Solamente pensaba en llegar al galpón y consumir, nada mas que eso,
a que era lo único que me hacia feliz.
Así pasaron muchos
meses, yo ya estaba perdido, estaban los pedazos de mi. Me vi tan mal que me
plantee por segunda vez en dejar las drogas. Pero me di cuenta que son mas
fuertes que yo, intentaba convencerme a mi mismo que las drogas no eran el
mejor camino y que podía ser feliz sin ellas. Pensaba en mi familia, pero otra
vez las drogas me ganaban…
Hoy a Iván se lo
llevaron temprano al hospital, estaba en un estado de coma. Me mire al espejo,
me lo replantee por tercera vez ¿quien soy? No quiero terminar así ¿que hubiera
sido de mi vida si no le aceptaba las drogas a Iván? ¿Hubiera estado mejor o
peor que ahora? La duda me carcome la cabeza, no entiendo como el simple hecho
de elegir pueda cambiar tanto mi vida. Ahora solo queda elegir entre un
infierno y el otro.
Jose Manuel
Martinez; De Araquistain Fausto; Aneas Agustin; Gonzalez Micaela; Terrero Jose;
Reardon Juan Segundo; Tallarico Caterina; Oliveras Barri Carola.
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