martes, 28 de mayo de 2013

“La última semana”




Me llamo Juan Pablo, en ese entonces tenía 15 años, era de estatura media, ojos marrones. La ciudad de Londres era un lugar oscuro para los que eran hijos únicos, nadie se relacionaba con nadie. Vivíamos en un barrio lindo, donde siempre estaba todo limpio, autos lujosos, y familias muy unidas.
Por trabajos de mi padre, Roberto, nos mudamos a Estados Unidos, lo cual fue un gran cambio, ya que nuestra familia vivía en Londres. Por otro lado, no era muy diferente mudarnos, debido a que por trabajos de mi padre, no lo veía seguido.
 Empecé la preparatoria, donde no me podía relacionar con nadie debido a que todos me veían diferente. Mis profesoras intentaron integrarme, pero cada vez era peor. A la salida del colegio, recibía agresiones físicas y verbales por parte de mis compañeros. No se lo conté a mi madre, ya que padecía de cáncer de piel, hacía ya varios años y no quería preocuparla.
       


  Diario de Juan Pablo :
                   

 21·Julio·2001


                   Esta mañana mi madre despertó mal, inmediatamente la tuvimos que internar. Estuve toda la mañana sólo en el hospital. Mi padre no atendía las llamadas, supongo que ni se imaginaba lo que sucedía. Deje a mi madre en compañía de una enfermera y partí al colegio. En la entrada de la preparatoria, estaban los mismos chicos que me habían golpeado ayer, no tuve miedo, seguí caminando con indiferencia. Lo cual, fue peor. Empezaron a llamarme y luego empezaron los empujones. Por suerte, llego Carlos, el profesor de literatura, la única materia en la que me iba bien. Estuve todo el día en el aula pensando en mi mamá. A la salida del colegio, fui al hospital, mi padre estaba ahí, me di cuenta que no estaba todo bien, ya que mi padre me abrazó, lo cual nunca hacía. Entré corriendo a la sala, y mi madre estaba allí, acostada… mientras la desconectaban. Regresé a mi casa, íbamos en el auto con mi padre, no emitíamos ningún sonido, ninguno de los dos hablaba.



22·Julio·2001



                   Me desperté y mi padre no se encontraba en la casa. Estaba sólo. Deprimido. Ya no tenía razones para vivir. No sé realmente porqué lo hice, creo que sentí culpa por la muerte de mi madre, por no cuidarla como correspondía. Por no haber hecho lo suficiente como para salvarla. Cada vez que la pensaba, una y otra vez, el filo del cuchillo se movía, frio, incolumne, solido. Entraba en un mar de depresión, un mar profundo, rojo, espeso. Quería volcar todo lo que sentía a un dolor físico.
Entró mi padre a la casa, ya eran las 6 de la tarde, vio el estado en el que me encontraba, sangre en mis brazos, y automáticamente me abrazó. Creo que ahí fue cuando me desmaye. Cuando abrí los ojos de nuevo, me encontraba en el hospital, todavía medio inconsciente, pero pude reconocer a mi padre que estaba sentado al lado mío tomando un café. Entró el enfermero y le pidió por favor a mi padre que se retire. Se presentó, se llamaba Juan, con mucha simpatía y como si nos conociéramos de toda la vida, me dijo que no me corte más, dicho esto me entregó un papel. Justó entro mi padre, el enfermero me dio el alta y nos fuimos. Llegue a mi casa, comimos y me acosté a dormir.



23·Julio·2001


                   Cuando baje a almorzar, mi padre ya había hecho la comida. Estaba muy simpático, lo cual era raro. Charlamos durante toda la comida, me contó su vida, toda su infancia y adolescencia, era como si no nos conociéramos. Más allá de que éramos padre e hijo, ninguno sabía sobre el otro. Terminamos de almorzar y me dijo que se tenía que ir, cuestiones de trabajo. Me preguntó qué iba a hacer a la tarde y le respondí que nada, que capaz que salía a caminar. Me quedé toda la tarde encerrado, mirando tele, leyendo, cuando ya se torno aburrido me di cuenta que eran las 5 de la tarde, una buena hora para salir a caminar. De pronto metí mi mano en el bolsillo del pantalón, tenía el papel que me había dado el enfermero la tarde anterior. Era una dirección, no iba a  averiguar qué era, aunque me daba un poco de curiosidad. Seguí caminando, entre a un shopping, compré algo para comer, y cuando iba ya casi saliendo, me pareció ver a mi padre, al principio dudé si era él. Y sí, era él. No entendía mucho la situación, ya que él estaba con una mujer y dos nenes, ahí entendí qué pasaba. Seguí caminando, llegue a una playa, como hacía calor, decidí meterme y tratar de olvidar mis problemas. Después de un largo tiempo me fui a mi casa.
Mi padre llegó tarde, ni bien entró lo ataqué con millones de preguntas. Al principio me lo negó, luego me dijo que sí, tenía otra familia. Le dije de todo, cosas que jamás pensé decirle, nunca se me pasaron por la cabeza. No entendía nada, mi madre había muerto y a él le importaba muy poco.  Discutimos durante varios minutos, hasta que llegó la gota que colmó el vaso. Una cachetada de parte de él. Juro que por más odio que le tenga, jamás pensé que iba a hacer eso.

24·Julio·2001



                   Aunque estaba de duelo, fui al colegio igual. Y como de costumbre recibí agresiones por parte de mis compañeros, los cuales eran unos idiotas. El día no fue tan malo a pesar de como iba mi vida. A la salida, decidí averiguar de qué se trataba la dirección, no se me ocurría nada. Llegué, era un bar. El que atendía me preguntó por parte de quién venía y le dije “Juan, el enfermero”. Soltó una carcajada y me entregó un paquete. No sabía qué era, le  pregunté si tenía idea de por qué me daba eso Juan, me dijo que ya venían varios de parte de él. Cuando salí del bar el chico me preguntó mi nombre, le respondí y le pregunte el suyo, John se llamaba. Fui al mar, ya que era temprano todavía y decidí abrir el paquete. Era marihuana. No tenía nada más que hacer, ni nada que perder. Así que, fume y ahí fue cuando vi de otra forma el mundo. Me olvide de todo aunque mis problemas seguían estando, sentía que estaba en un mundo diferente. Como me gustó tanto en la situación que me dejaba la marihuana, decidí ir de nuevo al bar, y que me venda más. Esa noche fumé como loco, lo que duraba para un mes, lo terminé en unas horas. Estaba muy mal, no conseguí sacarme la depresión de encima. Sin darme cuenta, quedé dormido.



                   
25·Julio·2001



                   Mi padre se había ido de la casa, me la dejó para mí. Me dejó plata y una carta diciéndome perdón, la cual no leí. Esa mañana fui al bar, compré más marihuana, y como la noche anterior no pudo sacarme la depresión que tenía, le pregunté a John que otra cosa había que me haga olvidar todo. Me contó de muchas drogas, como la cocaína, la LSD, la heroína, y de más. También me dijo que tenía que estar demasiado seguro de querer probar esas drogas, ya que si me hacía adicto, era muy difícil dejarlas. Mi día fue normal, me junté con John y sus amigos y me cayeron muy bien.  No fui al colegio, salí con los chicos. Probé la LSD, también conocida como “pepa”. Me hizo olvidar, no sé si la palabra justa es “olvidar”, o sea la LSD es una droga alucinógena, me hizo ver el mundo distinto, todo un mundo feliz. Escapé de la realidad por unas horas. Cuando se me fue el efecto de la droga fui a comprar algo para comer, pizza y cerveza. Me quedé toda la noche fumando, aunque mucho no me causaba, era placentero. A las 2 de la mañana llego mi padre, yo no estaba en un estado muy estable que digamos, me preguntó cómo estaba. Charlamos. Me pidió perdón, le dije que haga lo que quiera, él ya nos había engañado, a mí y a mi madre, la cual murió sin sospechar nada, o por lo menos eso supongo yo. Lo odiaba, es cierto, pero no era un odio expreso, era mas un sentimiento de culpa ajena, como un sentimiento de lastima por lo que había hecho con mama. Cenamos, ninguno de los dos emitía sonido. Me acosté a dormir, y mi padre se quedó. No sé si más tarde se fue, tampoco me interesaba.


26·Julio·2001



                   Me desperté sin ganas de otro día, creo que era el último. Mi padre me esperaba con el desayuno, le contesté que no tenía ganas de nada, y que ya no soportaba mi vida. Me dijo que no sea tan negativo. Le dije que iba a salir a caminar, aunque me fui de mi casa sin ganas de nada, caminé bastante. Hasta que frené en una calle abandonada, y me imagine en el suelo, muerto y nadie lloraba. Ahí me di cuenta que la vida no era bella. Estoy sentado en la barandilla de un séptimo piso pero, ya estoy muerto por dentro y estoy cansado. Estoy casando de vivir huyendo. Pasa mi vida por mis ojos y el tiempo se detiene para no verme más la cara. Me di cuenta lo cobarde que era. Me contradecía todo el tiempo. Miles de palabras, miles de ideas, miles de cosas pasaban por mi cabeza. Ya no sabía cómo seguir. Caminé toda la tarde. Llamé a John y le pedí que me haga un favor, no estaba muy convencido pero termino diciéndome que sí. Ese favor, no era mas que la venganza, de la mas cruel bofetada hacia un padre ausente, invisible, que no había sido capaz de entregarse a una mujer enferma, que lamentablemente también era mi madre. Que había hecho para salvarla? Nada, una escapatoria, una fuga, una salida infiel a un problema del cual yo, al menos yo, solo debía hacerme, cargo.
El favor de John llego temprano, envuelto en una bolsa de cartón, para que nadie sospechara el contenido. No podía parar de pensar en que se lo merecía, en que no podía ser otro que yo, el que hiciera memoria y justicia por tantos años de abandono, de inexistencia, de olvido.
Casi sin hacer un solo ruido, tome el contenido de la bolsa, aun sin sacarlo, tuve que detenerme porque la victima entro en mi cuarto, no hizo mas que preguntarme que estaba haciendo, cuando comencé a deslizar el revolver de John, hacia afuera.
aun recuerdo el breve sonido, filoso y gris, del roce del papel y la culata del calibre 32 sobre el mismo, me miro sorprendido, no pudo entender que llegaba la hora de pagar sus culpas.
  





         Solo recuerdo el olor de la pólvora, como   muchos fósforos a la vez encendidos por su culpa, el fogonazo no hizo más que iluminar mi rostro, desfigurándose a medida que el plomo rompía, uno a uno los huesos de mi cara. Como esquirlas, cada fragmento de mi, se esparcía junto con el mar caudaloso de sangre que mi nariz y mi boca emanaban.

Ya sé, no pensé en otra venganza que no sea esa, y luego de ver la cara de mi padre viendo como mi cerebro estallaba en pedazos, creo que fue la más efectiva.





Valentín Bustillo, Gabriel Spandonari, Francisco Such, Micaela Quinteros, Belén Miyazato, Ailen Barrionuevo, Florencia Avila. 

evo

     Mi nombre es Evo, un nombre poco común para mis 17 años, ya que me llamo como el presidente de nuestra nación Evo Morales. Debido a mi nombre, recibía varias cargadas de mis compañeros. A pesar de esto, me llevaba muy bien con ellos y todos los días después de ir a la escuela nos íbamos a la cancha a jugar al futbol. Después, iba a la verdulería de mi viejo para buscar frutas para el postre… Me acuerdo de las ventanas llenas de tierra y telarañas, también recuerdo que mi papa cuando me veía llegar por esa puerta oscura venia a abrazarme con sus manos llenas de mugre que me manchaban la ropa y todo transpirado… cuando los cajones de verdura temblaban cada vez que pasaba el tren por las vías de atrás de la verdulería, eso provocaba que las verduras de ensucien por la tierra del piso, pero era lo único que podíamos pagar.

    El 14 de octubre llegué de la escuela y en mi casa no había nadie, en la verdulería tampoco. Estaba muy asustado, hasta que una vecina me dijo que estaban en el hospital porque estaba por nacer mi hermanita. Me quede encerrado en casa como por 2 horas hasta que escuche el ruido de la puerta, era mi papa desesperado buscando sus ahorros para comprar ropa. Ahí me di cuenta que no estábamos bien económicamente.
 Un mes después mi mama y mi hermanita salieron del hospital. Yo no entendía porque habían estado tanto tiempo ahí. Cuando por fin llegaron a casa, muy tristemente me contaron que mi hermana era cuadriplèjica. Yo no sabia que era esa enfermedad, por eso no me preocupé.

   En esa semana, a mi papa le llegó una carta de su primo de Argentina ofreciéndole trabajo allá. Lo pensó mucho, y después de muchas discusiones con mama decidieron mudarse a argentina. Cuando me lo contaron a mi, no estaba para nada contento, tenia que despedirme de mis amigos y mis abuelos. Sin embargo lo tuve que aceptar porque era lo mejor para mi familia.
     Vendimos la verdulería y la casa, y con parte de esa plata compramos los boletos para irnos a Argentina.

    Después de un largo día, llegamos a la ciudad de Buenos Aires. Por los primeros meses, teníamos que vivir en la ‘Villa Lugano’. En una casita parecida a la nuestra de Bolivia. Mi viejo empezó a trabajar en el almacén de mi primo  que estaba cerca de mi escuela.

  Empecé 6º grado y ya el primer día de clases me di cuenta que me molestaba el acento de los argentinos y me costaba el estudio de la historia argentina. Le pedía ayuda a mis compañeros porque me daba vergüenza preguntarle a la profesora, entonces, ellos se me reían.
Los primeros años en el colegio no la pase bien, ya que siempre me discriminaban y me golpeaban por el solo hecho de ser boliviano… yo nunca me animaba a contarle a mis padres, no quería sumarles un problema mas. Siempre me quedaba callado.

  Algo que me marcó por toda la secundaria, fue una vez que pedí permiso para ir al baño durante la clase de historia. Cuando llegué, tuve el presentimiento de que algo malo me pasaría, sentía olores que solo se sienten en la villa casi todos los días. Entré y vi a los chicos de 5º año con los ojos rojos, a punto de explotar. Ni bien me vieron, comenzaron a acercarse hacia mi con amenazas, deje que me rodearan mientras yo estaba inmóvil, tan quieto que hasta podía sentir mis propios latidos. Rápidamente uno del grupo me atacó por mi espalda mientras que los otros me insultaban, en un momento uno de ellos intentó calmar la situación pero no le hicieron caso. Hasta que llego el director y nos separó.
A la salida del colegio, me encontré con el pibe que me había intentado ayudar, muy humildemente le agradecí: - gracias por haber intentado defenderme-. A esto me respondió:- no me agradezcas pibe, me llamo Iván, vos?- yo, Evo-.
    Seguimos hablando por un rato y quedamos en encontrarnos a dos cuadras de la escuela a las 10 de la noche. Aunque no me gustaba mucho la idea, me encontré igual con Iván.
-viniste! Pensé que no te ibas a animar- me dijo – por que no me iba a animar?- Iván se rió y me dijo – todavía no te diste cuenta?-. Mientras me decía eso, sacó una especie de bolsa de su bolsillo. Ahí me di cuenta de todo.
- se que no la estas pasando para nada bien, no sos el único, yo también sufro, pero pruebo esto y me olvido de todo por un rato- me dijo.
No se como hizo pero me convenció, me lleve esa ‘bolsita’ a casa, me encerré  en la pieza y la probé, me sentía en un mundo donde no existía nada, éramos el mundo y yo, nadie mas. Sinceramente me gusto mucho encontrarme en ese estado…

 Y así fueron todos los días, me encontraba con Iván todas las noches y le compraba droga con la plata que le robaba a mi viejo. Sabía que las drogas me estaban llevando por un mal camino, pero ellas eran la única forma de olvidarme de todo.
En la escuela me empezó a ir muy mal. Un día llegue con los ojos tan rojos que mi profesora se avivó y me reviso la mochila, por supuesto, encontró drogas en un bolsillo. Ahí, fue cuando llamo a mis padres…Desde afuera, yo escuchaba como adentro de la dirección mi papa gritaba, mama lloraba y la profesora intentaba calmarlos. Hasta que por fin salieron, nos fuimos los tres en un remis, no se escuchaban palabras, quería romper el silencio, pero no sabía como. Hasta que papa dijo – con razón me faltaba plata!! Si vas a seguir cometiendo esa estupidez empeza a laburar y pagatela vos- .Esas palabras me hicieron entrar  en razón, tenia que dejar de consumir, como sea.

    Al otro día, me volví a encontrar con Iván y le conté mi idea de dejar las drogas, le pedí que por favor me ayude. No termine de completar la frase que pego un grito- vos te crees que es tan fácil?- se calmo un poco y me dijo – te voy a ser directo, vos estas en nuestro grupo porque pasaste por lo mismo que nosotros, pero si ahora vos queres dejar las adicciones y seguir por otro camino olvidate de nosotros-.
Me pareció medio ridículo lo que me dijo, pero si mis únicos amigos dependían de las drogas, iba a tener que seguir consumiéndolas.
Llegue a casa, eran las 12:30 de la noche, estaba yendo al baño y ahí estaba papa – donde estabas?- me dijo – en lo de un amigo- le respondí – me parece que haber venido a argentina no fue una buena idea, ¡mira como estas! Ya no se quien sos--.
Otra vez, esas palabras no me dejaron dormir y pensé que para mis viejos soy un problema.

    Al día siguiente me levante mas temprano que lo habitual por ser un sábado. A las 8:00 de la mañana hay algunos lugares abiertos para conseguir laburo… Frené en un supermercado y empecé a escuchar que alguien me gritaba, era Iván: - acá hay un puesto vacío, yo que vos lo agarro. Es un buen trabajo, además vas a trabajar conmigo- me dijo. Me presente  para conseguir ese puesto, y después de un largo e interminable tiempo de espera me llamaron. Me tenia fe, pero a la vez estaba inseguro porque no se si les convenía tener a un boliviano trabajando ahí. Llegue a la oficina temblando, transpirando frío hasta que escuche la voz del dueño que me decía “el trabajo es tuyo Evo”. A lo lejos escucho a Iván que me estaba felicitando mientras acomodaba las latas de arbeja en la góndola. Me acerco a el con una alegría que me recorría todo el cuerpo  hasta que me dice – y con la escuela que vas a hacer? Yo ya la dejé-. Y ahí pensé ¿de que me sirve ir a la escuela si el futuro de todo boliviano es el fracaso? Y contra eso no se puede hacer nada, así que decidí dejar  la escuela.

     Fui para casa a contarles la noticia a mis viejos, no les cayó para nada bien. No les gustaba la idea de que deje el colegio.
Me di cuenta que ellos no pensaban en mi, no les importaba si sufría o no, toda su atención estaba en mi hermanita.
    En ese momento no pensé, fui a mi pieza, metí todas mis cosas en una caja y me despedí de mis padres: - por si algún día se acuerdan de mi váyanme a visitar al supermercado- . mama casi siempre en una situación así se pone a llorar, pero esta vez se paro de la mesa y me dijo: - vos sos libre se hacer lo que quieras, un día de estos te voy a visitar-. Me asombro su respuesta, cerré la puerta y me fui.

    Atrás del supermercado hay un galpón abandonado donde vive Iván con un par de amigos que están en la misma situación que yo. Les pregunte si había un lugar para mi, me dijeron que si pero que no diga nada, que sea un secreto.

    Durante mucho tiempo mi vida fue así: trabajo, drogas y nada mas. A mi familia la veía de vez en cuando, a veces venían a comprar algo de excusa para verme, pero a mi no me importaba. Solamente pensaba en llegar al galpón y consumir, nada mas que eso, a que era lo único que me hacia feliz.

    Así pasaron muchos meses, yo ya estaba perdido, estaban los pedazos de mi. Me vi tan mal que me plantee por segunda vez en dejar las drogas. Pero me di cuenta que son mas fuertes que yo, intentaba convencerme a mi mismo que las drogas no eran el mejor camino y que podía ser feliz sin ellas. Pensaba en mi familia, pero otra vez las drogas me ganaban…





    Hoy a Iván se lo llevaron temprano al hospital, estaba en un estado de coma. Me mire al espejo, me lo replantee por tercera vez ¿quien soy? No quiero terminar así ¿que hubiera sido de mi vida si no le aceptaba las drogas a Iván? ¿Hubiera estado mejor o peor que ahora? La duda me carcome la cabeza, no entiendo como el simple hecho de elegir pueda cambiar tanto mi vida. Ahora solo queda elegir entre un infierno y el otro.


Jose Manuel Martinez; De Araquistain Fausto; Aneas Agustin; Gonzalez Micaela; Terrero Jose; Reardon Juan Segundo; Tallarico Caterina; Oliveras Barri Carola. 

Días de encierro.




   Como casi todos los años se integra gente nueva al curso, hace unos tres años llegaba Julieta; Nosotros estebamos en la clase de historia.
     Estábamos todos en silencio cuando entra la directora de un portazo, estaba exaltada y nos dijo -Chicos les presento a su nueva compañera -; Luego comenzó el ruido nuevamente, hasta que ingresa tímidamente Julieta, estaba un poco nerviosa se le notaba por su cara. Era delgada, morocha, tenía unos ojos color marrón, definitivamente Tenía algo extraño en su mirada.
        Entro y se sentó en el último banco, del lado de la pared.
Al principio nos fuimos conociendo, empezó a contarnos cosas y tomo confianza. Nos contó que tenía una historia de vida trágica.
Habíamos tenido varios compañeros ya, pero ella parecía ser diferente a los demás , se diferenciaba Por su personalidad no por lo físico ; Era rara y muy callada, cuando le preguntábamos algo sobre su vida era muy sincera y notábamos que había sufrido mucho , por eso , su mirada de tristeza crecía cada que tocábamos el tema .
     Un viernes a la noche, fuimos todos a cenar a la casa de Brenda y Juli decidió contarnos que había sido abandonada por sus padres de sangre, en la casa de unos ancianos; la última vez que los vimos eran morochos, altos y el padre vestía siempre de traje, más que su profesión de contador lo requería, este tenía un carácter muy peculiar.
Una tarde estábamos en su casa merendando, con el olor a rosas que florecía de su jardín cuando el llego de su trabajo haciendo un fuerte ruido que nos asustó. Justo cuando la madre maría rosa, una mujer muy coqueta, dulce y dedicada a su casa nos estaba ofreciendo galletas.
     Estos ancianos estaban muy bien económicamente y pudieron hacerse cargo de ella. Esta niña fue creciendo sabiendo la realidad por la que estaba transitando.
Al paso de sus años fueron normales hasta que llegó la adolescencia y los problemas.
    Empezó a alejarse de nosotros y a juntarse con nuevas amistades, de mala influencia; la peor de todas era una amiga llamada Yesica Matéu, tenía una personalidad distinta a la de Juli , no era tímida y le gustaba hablar mucho . Nos la presento a la salida del colegio, un día de calor y habíamos salido más temprano de lo habitual. En eso llega Juli con su nueva amiga, nos miramos raro y no entendíamos nada, porque se llevaban tan bien siendo tan distintas. Nos saludó con un ‘’Hola…’’ frio.
    Más tarde hablando entre nosotros averiguamos que Yesica, estuvo involucrada en el narcotráfico. Le dijimos a Juli sobre esto pero ella no nos creía.
Hasta que un día Brenda recibe una llamada de un número desconocido , generalmente no atendía estos llamados pero tuvo un presentimiento, sintió algo raro , un escalofrió , que le recorrió el cuerpo y atendió.
   Era Juli que llamaba muy desesperada diciéndole que Yesica, la había obligado a consumir cocaína y dijo que eso le gusto, y lo peor de todo era que se sintió encerrada en un mundo de problemas y que dependía solo de la droga para poder salir.
Al poco tiempo nos enteramos que comenzó a salir con un chico mayor que ella de unos 23 años, no tan alto y su cara no te daba mucha confianza. Juli comenzó a apegarse hacia él , ella quedo embarazada 2 veces y los aborto . y ahora está esperando otro , que esperamos que no tenga el mismo final que los otros . Ella siempre estaba triste porque su novio la golpeaba y abecés la engañaba.



    Era un viernes muy frio de invierno, nos habíamos juntado en la casa de Brenda , estábamos escuchando música y bailando , cuando de repente recibimos una llamada , era Juli estaba desesperada, exaltada casi llorando y muy angustiada nos dijo que su amiga la tenía secuestrada, nos contó que la fue a buscar a la salida de la escuela y le dijo si la acompañaba a comprar unas cosas , -yo les dije que sí , y me llevo hasta un lugar que no conocía, es un lugar deshabitado tiene muchos árboles , uno de ellos bloquea mi ventana, no veo nada el lugar es muy sucio no puedo hablar fuerte porque Yesica cuida mi puerta -. Ella nos pidió a nosotros que no digamos nada al respecto porque temía que nos pasara algo. Nosotros le hacíamos caso. Paso una semana y mientras estábamos en la escuela una compañera no aguanto y conto lo que había pasado con Julieta. Primero los profesores la miraron con incredibilidad, pero luego en un recreo le dijimos al profe que tenía razón y que a Julieta le había pasado algo raro por eso falto esa semana, los profesores ni se preocuparon al respecto ya que Julieta faltaba muy seguido.
   Cuando salimos del colegio nos llama Juli, emocionada nos contó sin dejarnos hablar que había tenido a su bebe; la había escondido por miedo a que Yesica se la robara dijo que lo había envuelto en una manta y cuidadosamente lo había dejado en un agujero del árbol que bloqueaba su ventana.
   Nosotros le preguntamos porque no escapo, pero ella dijo con un tono de tristeza que estaba en un tercer piso y que le tenía fobia a las alturas, con un tono de desesperación le dijimos ‘’vamos para allá’’ y esa fue la última vez que hablamos con Julieta. Luego llamamos a la policía; le contamos la descripción del lugar e inmediatamente supo por dónde dirigirse, todos los seguimos rapidamente.
   Cuando llegamos escuchamos un fuerte disparo, rápidamente subimos las escaleras hasta llegar al tercer piso cuando abrimos la puerta nos encontramos con Julieta desvanecida en el piso totalmente pálida con un manchón de sangre en su cabeza y a su secuestradora arrodillada en el piso con un arma en la mano . Los policías quedaron impactados, la tomaron de los brazos, le pusieron las esposas y la metieron inmediatamente en la patrulla. Todos salimos muy triste de ese lugar. Mientras estábamos sentados en unas escaleras llegan unos médicos y policías para retirar el cadáver de Julieta, Su cabeza estaba reventada mientras que las gotas de sangre de su cabeza caían hacia el suelo.
   Luego subimos a buscar la bebe, ya que estaba en un agujero de un árbol en el tercer piso. Cuando la encontramos era igual a Julieta y decidimos ponerle como nombre Julieta.
  Al día siguiente la llevamos al hospital para que la den en adopción, para que pueda tener una familia que la cuide y le de todo el cariño que necesite.
Mientras tanto a Yesica la tienen en la cárcel, haciéndole pagar por todo lo que ha hecho, haciéndola sufrir como todos queríamos, de la manera que la habrá hecho sufrir a Julieta en esos días de encierro. Ya que los policías se enteraron al poco tiempo que no solo esto había ocurrido una vez sino varias veces…
Nosotros pensamos que, Tarde o temprano los males se pagan cuando te vas al infierno.



Brenda Diego, Delfina Barbero, Matias Puchini, Joaquin Borda, Trinidad Urquijo, Lucrecia Lucha, Luca Jacquet.